lunes, 31 de agosto de 2009

Escapadita al Balneario: En camino.

"No hay nada mejor que un viaje para curar corazón, mente, espíritu y cuerpo."

Mi tía ReinaMora y yo necesitábamos un viaje para curarnos de "lo nuestro", así que miramos escapadinas cortas, de no más de dos días de estancia y no más de tres horas de viaje.
Tras mucho buscar y requetebuscar por la web bajo un criterio más que selecto dimos con un balneario muy interesante en el que nos prometían muchos mimos y mucha agua.
-Vamos a que nos pongan guapísimas de la muerte.
Abrimos el ordenador y, con ayuda de PapáCigüeña y SanGoogle, miramos y requetemiramos la ruta desde varios puntos y vistas.
-Tú mira que siempre viajeis hacia Ávila.
Me dijo mi señor padre mirándome seriamente al darse cuenta por milésima vez de que éramos dos despistes con volante.
-Si, si, no te preocupes... Yo me aseguro de que lleguemos.
El sonido de los grillos se oyó de fondo mientras la famosa pelusa rodante hecha con pelos de gato pasaba por delante de nosotros en absoluto silencio.

Y llegó el día. Y nos montamos en el coche con la ruta impresa en papel más las anotaciones en bolígrafo dadas por mi señor padre, dispuestas a comernos la carretera. La canción de "El Farolito" nos acompañaba, canturreando con más o menos sentimiento mientras tratábamos de no perdernos.
-¿Y en esta "rotóndula", para dónde?
-Todo recto.
-¿Segura?
-Si, si... Que ahí pone Ávila.

-¿Y ahora por dónde?
-¡Por aquí, por aquí! Ops, nos la hemos saltado, sigue girando por la "rotóndula" y a la siguiente entramos.

-Creo que éste no es el camino...
-Pero si ponía Plasencia.
-Si, pero ahí ponía EX-370, no pone nada de N-630, y tú tienes aquí puesto la cuarta salida en la Gran Rotonda, N-630.
-Volvemos para atrás.
-Ooops... Pues va a ser que nos habíamos metido bien...

To be continued.

Nota: Algún dia escribiré el diccionario Brujillas-El mundo, pero mientras tanto, aclaro que "Rotóndula" es el mote con que llamamos a las Glorietas.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Princesita.

El lunes cumplió dos meses la nueva integrante de la familia. Una niña pequeñita y preciosa de ojos verdosos, siempre sonriente, que ha logrado ablandar el corazón de todos y cada uno de nosotros.
Para ella este pequeño relato.

Cuando las brasas se apagaban en las Hogueras de San Juan la princesita Aida abrió sus ojos al mundo por primera vez. Sus pulmones clamaron al viento su llegada, tan potentes, tan esperados, que se armó gran revuelo en la familia. Las brujitas (buenas todas ellas) no cesaban en sus llamados, preguntándose unas a otras si la niña había llegado; si estaba sana; si su madre, Guapilinda, se encontraba bien. ¿Y cómo fue el parto?

Reinamora no se había separado de su lado, lanzándose de inmediato a retratar a la criatura tras su primer llanto. Era una niña pequeñita, rosadita, rubia, de cabeza redonda y largas piernas. Tan perfecta, tan bonita, que conforme su imagen iba llegando el resto de brujitas se iban enamorando.

Y no tardaron en ir a verla, rodeando a la madre y al bebé mientras se deleitaban con sus encantos, tomándola en brazos mientras le entregaban todo el cariño con que la habían esperado.

-Será muy alegre.- Dijo su abuela Bibi.

-Será muy inteligente.- Dijo su tía Jimenanena.

-Será muy vivaz.- Dijo su tía Reinamora.

-Será tan hermosa como su madre.- Dijo su prima Medias.

Y su madre, sonriente, comenzó a cantarle la canción de la jota para arrullarla en el sueño, envuelta en sus brazos que siempre la protegerían.