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lunes, 28 de diciembre de 2009

Cosas que pueden pasar en un hotel.

"Para viajar no es necesario gastar mucho dinero... Sólo no tener demasiados escrúpulos."

  1. Que te asomes al balcón y descubras que el de al lado está en un ángulo cerrado inferior a 90º. Que luego os estéis poniendo el pijama y oigáis un coro de voces masculinas vociferándoos vítores de ánimos en portugués asomados a dicho balcón.
    *No hay nada mejor que asomarse y hablar con los vecinos en portuspanglis para fomentar la interacción entre países.

  2. Que nada más entrar al cuarto encuentres todas las ventanas abiertas, aún siendo invierno, y tras unos minutos después de cerrarlas descubras que era para "disimular" el pestazo a muerto que desprende el baño.
    *Nunca encontré el cadáver, pero sospecho que una parte se había quedado enganchada en el tragante del inodoro.

  3. Que corras la cortina para evitar que el señor que se hospeda frente a ti, que no deja de mirar a tu ventana, se de por aludido y se te caiga la cortina con su barra en la cabeza.
    *Ahora entiendo por qué no dejaba de mirar... ¡Esperaba el espectáculo!

  4. Que avises en recepción de la caída de la cortina y su barra nada más salir por la mañana y, al volver, te encuentres la cortina y la barra aún sobre la mesa.
    *Creo que el de mantenimiento dijo que luego se pasaría...

  5. Que estés decorando el cuarto con pétalos de rosa y se te caiga la puerta del armario en la cabeza.
    *Un gran método anticonceptivo.

  6. Que te ubiquen en una habitación interior de un quinto, con manchas sospechosas en las colchas y paredes, una escalera de emergencia directa de tu ventana al suelo y una televisión que parecía la de "Poltergeist" cuando a unos colegas tuyos les ha tocado cama XXXL, tele de plasma y balcón en primera planta.
    *Nota: Señores hosteleros, no se emocionen y repartan el presupuesto para la decoración entre todas las habitaciones.

  7. Que tengas que jugar al tetris para entrar al cuarto de baño y dejar la puerta abierta si te quieres vestir en él.
    *Al menos no hacía falta la videoconsola.

  8. Que la cama suene con sólo mirarla, que te da miedo hasta pensar en sentarte. Y se desmorone el cabecero cuando decides cambiarla de sitio.
    *Y es que no les gusta que les toques la decoración.

  9. Que nada más entrar te encuentres en primer plano un bote de "Cucal" sobre la estantería.
    *¡Eso sí que es una indirecta!.

¿Alguna más?

martes, 13 de octubre de 2009

Comida de hospital.

"Comer es un placer."

Dicen que la comida de los hospitales es mala, sosa y monótona. Yo no logro recordarla, hace demasiado tiempo que no me dan de comer en uno.

En la puerta del cuarto donde está JimenaNena ingresada tienen colgada la amenaza semanal. Es un papel viejo, muy viejo, decolorado por los años, medio roto y pegado mil veces con esparadrapo.
Para cada día de la semana tienen dos primeros, dos segundos y dos postres. No salen de ahí. Así que entre PapáCigüeña y yo le hemos ido colando pequeñas delicatessens culinarias tal como jamoncino cortado del bueno, mantequilla de la de verdad, orejones, ciruelas pasas, fruta fresca... Abres una de las taquillas y el olor de tanta acumulación de manjares te golpea delicadamente, invitándote a adentrarte en un mundo de sabores que la comida de hospital trata de hacerte olvidar.
Para rematarle la faena y bajo amenazas de sondarla la obligan a tomarse unos batidos proteínicos especiales que saben a una mezcla entre helado de vainilla del malo y medicamentos. Tres diarios. Así que, para contrarrestarle tal tortura, todas las mañanas le subimos una tostadina recién hecha con pan del rico, algunas veces catalana, otras sin nada para que pueda untarle la mantequilla.

Nosotros comemos fuera, de menú en la cafetería del hospital. Si algo distingue a este tipo de cafeterías del resto es el estilo culinario: Comidas saladas a rabiar, de rancho y hechas a desgana.
Siempre me quejaba de lo mal elaborados que estaban los menús en mi trabajo; pero en estos días he descubierto que hay un lugar aún peor: un lugar de leyenda en el que los alimentos nadan en las salsas, la margarina forma una fina película grasa en tu boca al tragarla y, de vez en cuanto, te intoxicas y te entran los mil males cuando el baño público más cercano está al final de un largo pasillo que se vuelve eterno.
Es un lugar en el que aprovechan las sobras del día anterior para realizar el menú de la noche y donde no ves una hoja de lechuga si pueden evitarlo.

Decididamente, los hospitales se llevan Cuatro Tenedores en la Guía Gansa del Peloche.