"Las mujeres de verdad tienen curvas."
A la atención de los señores diseñadores de moda:
Antes que nada, permítanme felicitarles por la ardua tarea que supone, a día de hoy, realizar su trabajo.
Sé bien sobrada que los impedimentos que se interponen entre su ideal de perfección artística son muchos y variados, cada día más imposibles de salvar. ¿Cómo no conocerlos? Yo misma soy una de esas cientos de mujeres que no han logrado adaptar sus formas al modelo de perfección que apenas unas decenas de privilegiadas han alcanzado.
Porque, para qué negarlo, la mayoría de las mujeres carecemos de ese androgismo recto para el que fueron diseñados sus trajes. Tenemos pecho, caderas, culo, cintura marcada, cartucheras... ¡Todo curvas bien pronunciadas! Y es que somos unas desconsideradas, sí señores, consintiendo que nuestra genética haga inútiles sus diseños.
Aquí una servidora, sin ir más lejos, buscaba un bikini para este verano. Sí, señores, a pesar de la barriga redondeada y la grasilla que tanto esfuerzo me ha costado acumular, decidí hace años lucir mis femeninas formas onduladas. ¡Todo un espanto para aquellas que lograron que su cintura mantuviera el mismo ancho que las caderas!. Un cuerpo que antaño podría haber sido adorado como diosa de la fertilidad y hoy en día no es más que un espanto a la vista de quienes de verdad entienden de mujeres. Sí, sí, me refiero a ustedes. ¿Quién si no nos podría conocer mejor que nosotras mismas?
Pero... ¡Ay de mi! ¡Pobre ilusa! Pensaba que encontraría algo adecuado al desdichado cuerpo con el que nací. Si es que soy débil, debería amoldarme, torturarme hasta alcanzar sus medidas estándares. Pero qué quieren que le haga, cogí cariño a mis lorzas.
Así que allí que me vi, probando y probando. Buscando y buscando. Y es que una es generosa de pecho, pero de cadera estrecha. Supuse que podría adquirir bragas y sujetador por separado... Craso error: La misma talla para arriba que para abajo. ¿Cómo pude pensar siquiera en encontrar algo adecuado a nosotras, simples blasfemas de la moda?
Así pues, opté por buscar en esos pseudotangas que se atan a la cadera, de modo que pudiera ajustar su forma ligeramente a la mía. Lo sé, lo sé... Los dioses castigaron mi insolencia. Llámenme antigua, o fuera de onda, pero considero que ese vello es necesario para evitar infecciones en nuestro delicado cuerpo y que, a lo sumo, las ingles debían ser las únicas en pasar por la cera.
La dependienta, muy amable pero igual de pagana, me comentó que todas las mujeres que iban a su tienda en busca de semejantes prendas tenían el mismo problema. ¡Incluso ella! Hablase con la mujer que hablase, todas sufrían del mismo mal. Insolentes, necias.
Sinceramente, les felicito por esa modestia de que hacen gala, señoras y señores diseñadores, porque las muchachitas jovencitas que sí quebrantan sus cuerpos al nuevo estilo no pueden gastar noventa euros en dos piezas de tela. ¡Se conforman con una imitación de mercadillo! ¡Qué descaro! ¿Cómo pueden seguir manteniendo sus empresas? ¿Cómo pueden no perder la fe en su trabajo? ¡Ni una queja de sus labios leí! ¡Cuánto arrojo! ¡Qué dedicación! Realmente felicidades, caballeros, por seguir contra viento y marea demostrándonos que somos nosotras las equivocadas. Enseñándonos que nuestros cuerpos imperfectos no merecen el honor de lucir sus creaciones.
Gracias, caballeros, muchas gracias.
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viernes, 4 de junio de 2010
sábado, 21 de noviembre de 2009
Maquillate.
"La verdadera belleza se distingue en una cara lavada y en una sonrisa sincera."
Después de aquel periodo multicolorista de la adolescencia en que llevaba zapatos de plataforma y el rostro lleno de potingues varios llegó "la etapa sin".
Sin zapatos de tortura, con tacones imposibles o incomodidades.
Sin capas y capas de pintura en la cara.
Sin escesos.
Y no es que me niegue a llevar tacones o maquillaje, pues en alguna que otra ocasión me he pintado los morritos de marrón rojizo y los ojos de negro carbón. Pero mi día a día y un sentido muy estricto de la higiene en el trabajo (en cocina no debes ir maquillada, ni con las uñas largas o pintadas. Sin cadenas, ni pendiente, ni anillos, ni pulseras o relojes) me llevan por la vida con la cara lavada y tan sólo la cremita hidratante.
Pintura, tacones y vestidos quedan relegados a momentos especiales.
El jueves tenía turno de tarde. Por la mañana tocaba consulta médica.
Me miré al espejo. El espejo me devolvió la mirada.
"Chica, hoy te vas a poner guapa."
Y con éstas, agarré la bolsita de potingues. Un par de pinceladas y quedé "aviá" para toda la mañana.
No se si sería por el maquillaje, por la minifalda con botas altas, por el escote o por una conjunción rara de planetas, pero...
...A los cinco minutos de salir de casa, un chunda-chunda con coche llamativo me dio una pitada larga y soltó una retahíla ininteligible que me hizo mirarme por si llevaba la falda subida o algo recolgando.
...En la consulta, un señor me cedió su asiento.
...El conductor del autobús me devolvió los buenos días sonriente, en vez del gruñido rutinario que tanto me emociona.
Por la tarde llegué a casa con el tiempo justo de cambiarme de ropa antes de ir al centro (y es que cuando sales de tu trabajo apestando a fritanga, procuras que la ropa más "especial" no entre en contacto con tu piel hasta que no haya un par de duchas de por medio, como mínimo).
A lo largo de la jornada los "¡Uy! ¡Pero qué guapa vienes hoy!" se repitieron sucesivamente a pesar del horrendo uniforme engordante y redondeante que portamos (gorro incluido).
Definitivamente, el maquillaje no hace sino disfrazarte, ocultando tus rasgos y escondiendo la realidad. Tu realidad.
Después de aquel periodo multicolorista de la adolescencia en que llevaba zapatos de plataforma y el rostro lleno de potingues varios llegó "la etapa sin".
Sin zapatos de tortura, con tacones imposibles o incomodidades.
Sin capas y capas de pintura en la cara.
Sin escesos.
Y no es que me niegue a llevar tacones o maquillaje, pues en alguna que otra ocasión me he pintado los morritos de marrón rojizo y los ojos de negro carbón. Pero mi día a día y un sentido muy estricto de la higiene en el trabajo (en cocina no debes ir maquillada, ni con las uñas largas o pintadas. Sin cadenas, ni pendiente, ni anillos, ni pulseras o relojes) me llevan por la vida con la cara lavada y tan sólo la cremita hidratante.
Pintura, tacones y vestidos quedan relegados a momentos especiales.
El jueves tenía turno de tarde. Por la mañana tocaba consulta médica.
Me miré al espejo. El espejo me devolvió la mirada.
"Chica, hoy te vas a poner guapa."
Y con éstas, agarré la bolsita de potingues. Un par de pinceladas y quedé "aviá" para toda la mañana.
No se si sería por el maquillaje, por la minifalda con botas altas, por el escote o por una conjunción rara de planetas, pero...
...A los cinco minutos de salir de casa, un chunda-chunda con coche llamativo me dio una pitada larga y soltó una retahíla ininteligible que me hizo mirarme por si llevaba la falda subida o algo recolgando.
...En la consulta, un señor me cedió su asiento.
...El conductor del autobús me devolvió los buenos días sonriente, en vez del gruñido rutinario que tanto me emociona.
Por la tarde llegué a casa con el tiempo justo de cambiarme de ropa antes de ir al centro (y es que cuando sales de tu trabajo apestando a fritanga, procuras que la ropa más "especial" no entre en contacto con tu piel hasta que no haya un par de duchas de por medio, como mínimo).
A lo largo de la jornada los "¡Uy! ¡Pero qué guapa vienes hoy!" se repitieron sucesivamente a pesar del horrendo uniforme engordante y redondeante que portamos (gorro incluido).
Definitivamente, el maquillaje no hace sino disfrazarte, ocultando tus rasgos y escondiendo la realidad. Tu realidad.
miércoles, 22 de abril de 2009
Dominación mundial
Leyendo el libro del Señor Buebo me llamó especial atención el capítulo en que exponía que los frikis tienen derecho a dominar el mundo (algún día llegaremos a hacerlo, tiempo al tiempo).
Realmente mis sentimientos se vieron reflejados en él en gran medida.
Y es que un ejército de zombies a tu servicio es lo que tiene, que te da ansias megalómanas.
Pero no os penséis que uno nace así, o que adquiere de golpe y porrazo tamaña meta. Nooo, pequeños saltamontes, nada más lejos de la realidad. A decir verdad... Todo comienza poquito a poco, con un simple anillito de controlar muertos vivientes. Luego te das cuenta de la ineficacia del gobierno actual y acabas intentando dominar un dragón-zombie con muy mal café y peor aliento que te servirá de arma de destrucción masiva y biológica en tu guerra para reinar los distintos mundos... Muaaaajajajajajajajá!
Ejem, ejem... Pero pongámonos serios, porque en realidad todos sabemos que si, que los frikis dominarán (o dominaremos) el Mundo, pero quien más capacidades tiene de conseguir y conservar ese poder es una Madre.
Y no hablo de una madre cualquiera, no señor. Nótese las mayúsculas para referirme a ella.
Realmente mis sentimientos se vieron reflejados en él en gran medida.
Y es que un ejército de zombies a tu servicio es lo que tiene, que te da ansias megalómanas.
Pero no os penséis que uno nace así, o que adquiere de golpe y porrazo tamaña meta. Nooo, pequeños saltamontes, nada más lejos de la realidad. A decir verdad... Todo comienza poquito a poco, con un simple anillito de controlar muertos vivientes. Luego te das cuenta de la ineficacia del gobierno actual y acabas intentando dominar un dragón-zombie con muy mal café y peor aliento que te servirá de arma de destrucción masiva y biológica en tu guerra para reinar los distintos mundos... Muaaaajajajajajajajá!
Ejem, ejem... Pero pongámonos serios, porque en realidad todos sabemos que si, que los frikis dominarán (o dominaremos) el Mundo, pero quien más capacidades tiene de conseguir y conservar ese poder es una Madre.
Y no hablo de una madre cualquiera, no señor. Nótese las mayúsculas para referirme a ella.
- Porque esa Madre sabe poner ojitos de gato con botas y vocecilla melosa que derretirían el corazón al mismísimo Hombre de Hielo. Ante la petición de "¿Y no vas a...?" te das cuenta, demasiado tarde, que estás perdido, acabarás haciendo lo que te pide por pura penita, incapaz de enfrentarte a ella.
Vamos, que hasta Superman iría en un vuelo a Nueva Zelanda sólo porque allí los kiwis son más baratitos, y si no come un kiwi cada día se estriñe y tú no querrías eso, cuando lo que de verdad intentaba nuestro superhéroe era evitar que esa misma Madre le tirara su colección de comics al pobre chaval adolescente que le llamó pidiendo ayuda. - Esa Madre posee poderes telepáticos y psicológicos.
No te equivoques, Ella conoce tus pensamientos. Conoce tus miedos y secretos... Sabe todo lo que bulle en tu interior, aunque no lo diga. Es capaz de calar a tus amistades sin necesidad de hablar con ellos.
Porque Ella es una Madre y ya ha desarrollado ese gen mutante que la hace capaz de, con sólo una mirada, saber cuándo, cómo y quién ha roto su figurita de Faberllet de los dos cisnes que formaban un corazón con sus cuellos. - Porque come de todo, desde pescado hasta verduras, y ya sabéis niños que la alimentación es clave para desarrollar bien la mente (y la salud).
Cuando tiene un invitado en casa se le activa el modo Abuelita 3.0. Consigue acorralarle entre la espada y la pared, cebándole hasta que empieza a salirle puré por las orejas a pesar de que el pobre desdichado sólo aceptara una patata frita. No hay mejor comida que la que hacen las Madres, es una ley universal.
Y es que, para qué negarlo, si James Bond hubiera ido a arruinarle los planes megalómanos a esa Madre, no sólo habría acabado cambiando la bombillita de la gigamáquina final del domino mundial, sino que los kilitos de más le hubieran asomado cual flotadores por debajo del traje a los pocos días. - Porque es capaz de alimentar y vestir a una familia de siete miembros (mascotas incluídas) con un solo sueldo y que aún le sobre para ahorrar un poquito. Imaginad ahora, padawanes mios, qué no haría con el presupuesto anual de un país como, por ejemplo, España.
- Porque son unas maniáticas del orden y la limpieza, expertas lanzadoras de zapatillas de esparto y grandes inventoras de castigos que dan justo donde más duele.
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